hágase tu voluntad y no la mía

Algo queda retumbando en mi mente, ese templo del que hablaba anteriormente. Mis días pasan y mi cuerpo está más dañado con el paso del tiempo. Pero no pasa por una cuestión física, sino que, mis emociones y sentimientos están en crisis.

La ansiedad entra día a día, cada vez más intensificada a este cuerpo que, cansado, intenta combatirla. 

¿Pero qué provoca esa ansiedad? ¿Cómo llega una persona a sentirse morir ante una situación límite? Tal vez pase por un tema de inteligencia emocional, hay personas que saben manejar sus emociones al punto que no le afectan en la cotidianidad, y existen otras que no. Tal vez y probablemente, yo sea una de las últimas. 

Pero raramente pueda pasar únicamente por la inteligencia emocional, tiene que haber algo más, tiene que haber algo escondido. ¿Pero cómo lo encuentro? ¿Cómo hallo la raíz que me está removiendo tanto por dentro? Quiero encontrarla, quiero arrancarla, sacarme todo de adentro y por fin disfrutar de una vida sin inquietud. 

Si tuviera que describirme en dos palabras, tal vez serían "persona insegura". Tal vez sean mis batallas las que han dejado contusiones y grietas, que hoy toman forma y se convierten en un sentimiento que me aterra todos los días: la inseguridad. El miedo, la incertidumbre, la indecisión, la inestabilidad. Soy poseedora de todos estos sentimientos, en más o menos grado, pero todos están ahí. Potencian aún más esta ansiedad que abate mi cuerpo ante el más mínimo evento. 

Sé que los planes de Dios son sabios, que estas emociones y reacciones convergen para que saque una gran enseñanza de todo lo vivido, por eso hoy, me entrego a ti y dejo mi vida entera a tus manos. Sé que aunque aún no entienda el por qué, algo bueno va a salir de todo esto. Mi desafío hoy, es poder comprenderlo y ponerlo todo en manos de Jesús. 

Hágase tu voluntad y no la mía. 





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